Murió el perro verde, el reconocido periodista tras una afección respiratoria

Jesús Quintero

Nacido en San Juan del Puerto (Huelva) en 1940, ‘El Loco de la Colina’ tenía la rara habilidad de intimar tanto con sus entrevistados que conseguía que se abrieran y se sinceraran hasta lo inimaginable. Maestro de la pausa dramática, Quintero tenía la maña del psicoanalista y del confesor. Quizá su secreto fue que además de hablar, sabía escuchar. Otro de sus dones fue el descubrir personajes estrafalarios de la calle sin suerte, ‘frikis’ que hacían reír a la clientela, como ‘El Peíto’, su ‘cuñao’ , ‘El Risitas’ y otros más.

Este dandi de hechuras flamencas, hijo de José y de María, escapó del destino de fresador y de obrero de la celulosa. Probó suerte en las tablas y la logró de carambola: al terminar un espectáculo teatral en Lope de Vega de Sevilla, un hombre de la radio le llamo al apreciar que su voz llegaba se proyectaba hasta la última fila.

Libertario, depresivo y sentimental, hizo sus primeros pinitos en Huelva, cuando le reclutaron en el Centro Emisor del Sur de RNE, donde obtuvo una plaza por oposición, en los primeros años sesenta. Allí destacó como presentador ‘Estudio 15-18’, que condujo junto a Marisol Valle.

Pero su gran éxito, el espacio con el que puso patas arriba los cánones radiofónicos, fue ‘El hombre de la roulotte’, al que sucederían ‘El loco de la colina’, ‘El perro verde’, ‘Qué sabe nadie’, ‘Trece noches’,’ El lobo estepario’,’ La boca del lobo’, ‘Cuerda de presos’,’ El vagamundo’ y ‘Ratones coloraos’, programas que se alternaron en las ondas y la pequeña pantalla.

Con una cuidada puesta en escena y maneras de actor, Quintero preñaba sus soliloquios con reflexiones poéticas y filosóficas, de León Felipe pasaba a Walt Whitman y a de ahí una de esas sentencias que tanto gustan al insomne y al noctívago, al bebedor y al charlatán .

Su sobrenombre de El loco de la colina procede de una canción de los Beatles, ‘The Fool on the Hill’, de The Beatles. Su sino estuvo marcado por luces y sombras. De estrella indiscutible, desapareció del mapa, relegado por la nueva televisión, la de los ‘reality’, los ‘talent shows’ y los tertulianos.

Ganó todos los premios de la comunicación, desde al Ondas Rey de España de Periodismo, y eso que se ufanaba de nos pisar las redacciones de que prohibieron el whisky en ellas.

Su hacienda empezó a resentirse. En las grabaciones del ‘caso Ausbanc’ admitió que sus hijas lo habían demandado por no sufragar sus estudios. La cosa fue a peor, porque en 2018 fue desahuciado del teatro sevillano que llevaba su apellido por impago del alquiler durante más de dos años y medio. La empresa propietaria del local dijo que le adeudaba 540.000 euros, cantidad que él decía haber desembolsado.

Casado en dos ocasiones, primero con Ángeles Urrutia y luego con la periodista Joana Bonet, fue un gran comunicador y un pésimo hombre de negocios. No cuajaron la emisora Radio América, Televisión Babilonia y El Café de la Luna, el Montpesier.

Dijo adiós a la televisión pública con bronca de por medio. ‘La noche de Quintero’ se fue al garete por la mala relación del periodista con la dirección de TVE. Primero invitó al plató a Farruquito poco antes de su ingreso en prisión por atropellar a un peatón y darse a la fuga. Luego intentó trató de entrevistar a al ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas, a lo que se negó TVE. Al final rompió la baraja cuando la cúpula directiva desprogramó una charla que mantuvo con José María García, quien arremetió contra todo aquel que se pusiera a tiro, entre elloss el presidente del ente público por aquel entonces, Luis Fernández.

Fuente: ElCorreo.com

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