Ramón Mérica y su entrevista con el escritor argentino Manuel Puig

HECHALAMERICA por Ramón Mérica en Diario Uruguay.

Sé muy bien lo que es la vida de provincias -viví en Salto hasta los 18 años- por eso lo comprendo tan bien, por eso comprendí tan bien lo que quiso decir en una zona de su Boquitas pintadas. Como en ese remoto Villegas  donde nació, también en Salto -sin ser un sitio remoto pero sí igualmente limitado a ciertas distracciones de ciudad chica- el cine fue para mí, como para cientos y miles de coetáneos y contemporáneos, como lo sigue siendo hasta hoy, el solaz por excelencia de las noches únicamente transferibles por caseras loterías de cartones, solitarias complacencias literarias, achuchadas conversaciones en barras de esquinas innominadas.

Como yo, Manuel Puig debe haber visto estampadas en chingueados tipos dibujados a mano sobre cartulinas rosadas o verdosas, sentencias tan descomunales como que El ocaso de una vida era La Mejor Película del Mundo, que Manón era La Más Ardiente Historia de Amor de la Historia del Cine, que El muelle de las brumas era La Obra Maestra Eterna que Nadie Puede Dejar de Ver. Como Yo, Manuel Puig debe de haber asistido a ese soterrado misterio con que los «grandes» se deparaban la emoción de los films prohibidos y salían, sahumados de Avant la Féte y escudados en generosas promesas de chocolatines, a traspasar la puerta del cine donde esa noche se pasaba La ronda, puerta a la que nosotros, los que quedábamos jugando a la lotería o protegidos por frazadas, traspasaríamos en la matinée del día siguiente para desgañitarnos con las hidalgas piraterías de Burt

Un poco antes -nos separan con Manuel Puig unos escasos diez años- con otros títulos y en circunstancias más o menos parecidas, el novelista argentino conoció todo eso: tenía razón la revista norteamericana Time cuando definió a la presente como La Generación del Cine. Pero Manuel Puig, nacido en 1933, no es un mero representante de la Generación del cine: es un abanderado, un adalid de ese universo fascinante y en penumbras que cada uno desovilla delante de esa pantalla magnética que lo puede llevar en una misma tarde de un arrabal de San Francisco a un burdel de Besarabia, de un almacén de Avellaneda a la biblioteca de un noble inglés. Y fue leyendo sus dos primeras novelas -esa Traición de Rita Hayworth que me sorprendió desde el título; esa Boquitas pintadas donde el cine es un villano complaciente y cariñoso con las almas cándidas- que tuve la impresión de conocer desde siempre a este provinciano -como yo- que se dejaba seducir por el cine -como yo- y que recogía en su memoria -como yo- lo que la lejana penumbra del cine de su pueblo natal le había marcado a fuego en su sensibilidad. Querer conocerlo, desde entonces, se me transformó en una idea fija.

Una tarde de 1972 subí a un ascensor de la calle Billinghurst en Buenos Aires: iba a lo de…

CONTINUARÁ LA ENTREVISTA COMPLETA EN EL LIBRO «AGONISTAS Y PROTAGONISTAS»

Manuel Puig

(General Villegas, 1932 – Cuernavaca, 1990) Novelista argentino que a través de su afición por el cine y el uso paródico del habla coloquial creó una singular obra literaria. Fascinado por el séptimo arte, su industria y sus estrellas preferidas (Greta GarboMarlene Dietrich y Rita Hayworth), se vinculó en Buenos Aires a las vanguardias artísticas; marchó a Italia a estudiar cine y luego a Nueva York, donde amplió sus conocimientos.

Su infancia transcurrió en el aislamiento de la pampa bonaerense. En 1951, una beca le permitió estudiar cinematografía en Roma (asistió a unos cursos de Cesare Zavattini) y trabajó luego en varios films como ayudante de dirección. La influencia del cine sobre su narrativa no es sólo de orden técnico, sino también social y ambiguamente temático, y configura su mensaje en la medida en que, al igual que el serial radiofónico, sirve al autor como marco y modelo que encuadran sentimentalmente la cursilería de la pequeña clase media. Dos rasgos merecen añadirse: el original enfoque del autor, que es implacablemente objetivo y de un humor ambiguo, y su predilección por personajes femeninos.

La propia actriz consintió en que utilizase su nombre en la novela La traición de Rita Hayworth (1968), que relata la iniciación amorosa de un adolescente a través de escenas de comedia rosa de Hollywood. Se trata de una evocación de su infancia pueblerina que resultó finalista en España del premio Biblioteca Breve. El periódico francés Le Monde la proclamó una de las mejores novelas del bienio 1968-1969. La estructura de la obra se basa en la superposición de distintos recursos que ponen de manifiesto las fantasías y alienaciones de los personajes.

Manuel Puig regresó a Buenos Aires, donde publicó Boquitas pintadas (1969), de la que afirmó era un folletín con el cual, sin renunciar a los experimentos estilísticos iniciados en su primera novela, intentaba una nueva forma de literatura popular; esta obra resultó, igualmente, un éxito de público, pero dividió la opinión de los críticos. Su tercera novela, The Buenos Aires Affair (1973) encuentra su marco apropiado en el género policial pero, a su vez, cada capítulo se halla precedido por una cita cinematográfica. Fue secuestrada en Argentina y obligó a Puig a exiliarse, primero en Brasil y después en México.

En El beso de la mujer araña, que fue llevada al cine y adaptada al teatro, abordó los temas del compromiso político y la homosexualidad. La obra transcurre en la cárcel, donde un homosexual refiere casi sin cesar a un preso político argumentos de películas clásicas con cuyas heroínas se identifica plenamente. A continuación publicó Pubis angelical (1979), que relata dos historias paralelas: una imaginaria, situada en los años treinta primero en Europa y luego en Hollywood, y real la segunda, protagonizada por una mujer enferma en una clínica.

Le siguieron Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980), Sangre de amor correspondido (1982) y Cae la noche tropical (1988), una pieza teatral (Bajo un manto de estrellas, 1983) y dos guiones cinematográficos, La cara del villano y Recuerdo de Tijuana (ambos de 1985). Murió por falta de atención médica adecuada y dejó inconclusa su novela Humedad relativa: 95%. Su obra es uno de los experimentos mejor logrados de acercar la cultura popular a la literatura.

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