La casa de Matos Rodríguez, convertida en piano bar en el barrio La Aguada

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA EN DIARIO URUGUAY.

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Cuentan algunos viejos vecinos sobrevivientes, que en ese triangulito formado por las calles Yaguarón, Barrios Amorín y Nueva York había una casita de dos plantas de donde provenía, invariablemente, el goteo de un piano que se paseaba entre tangos y milongas. Era normal: allí vivió varios años hasta 1948, cuando murió, Gerardo Matos Rodríguez, y seguramente en ese piano deben de haber surgido los primeros acordes de la canción más famosa del mundo. Desde hace cinco meses, y luego de décadas de abandono, la casita ha vuelto a sonar: todos los jueves, viernes y sábados las noches se encantan -además por otras razones extra musicales- con el duende que perdura al compás de los recuerdos.

Cuando la puerta se abre -luego de que la visita haga sonar un llamador, como corresponde a una casita de barrio- el primer abrazo es el de los acordes de La Cumparsita, que parece envolverlo todo: desde los muros y la escalera hasta el entrepiso y las ventanas. También envuelve a los cancerberos: Blanca Domínguez, 55 y Luis Garisto, 53, ex famoso defensor de Peñarol que paseó fútboly enseñó técnica en varios países del continente. ¿Por qué son ellos los que libran la puerta? Porque son los salvadores de un monumento de la sensibilidad popular rioplatense al que encontraron completamente en ruinas y al que ahora, en los fines de semana, hacen vestir con las glorias del tango.

El 19 de abril de 2017 se cumplieron los 100 años del estreno de “La Cumparsita”

“Lo de Becho”, lo han bautizado con toda justicia, porque allí vivió los años de su vida el padre de “La Cumparsita” (1917), Gerardo Matos Rodríguez (1897-1948), acompañado su eterna soltería (su alma de vieux garçon como le gustaría que lo llamaran por su acentuado amor por lo francés) con un piano del que seguramente escapó el embrión de ese himno popular del mundo. Junto al arquitecto que concretó el sueño de ese rescate, el matrimonio Garisto reveló obras y milagros de un lugar del que hay mucho para hablar, más allá de su linaje canyengue.

-Señora Garisto: ¿cómo se produce el encuentro de ustedes con esta casa, cómo la descubrieron y supieron lo que había sido?
-Un chica conocida mía había comprado esta casa con la intención de arreglarla para su mamá, y cuando vio las exigencias que debía cumplir por las reglamentaciones municipales ya que era Monumento nacional, se le hizo económicamente imposible hacerlo. Entonces me contó que quería venderla, pero el problema es que estaba ocupada por intrusos, estaba deshecha, y además era un depósito de basura. Entonces yo llamé a Luis, mi marido, que en ese momento dirigía a Gimnasia y Esgrima de la Plata y le conté:“Se vende la casa de Matos Rodríguez, donde vivió los últimos años de su vida, está en un estado prácticamente ruinoso…” y Luis me contestó:“Cómprala”. Tenemos quesalvar eso”.

Luis Garisto:-Yo pensé que se trataba de una casa vieja con los males normales: humedades, alguna rajadura, pero cuando vi esto no lo pude creer, estaba toda deteriorada, era una cosa de locos. Algo incomparable.

Blanca Garisto:-Incluso la Comisión de la Aguada venía cada tanto y le ponía candado y cadenas para que no entraran más intrusos, pero igual se metían rompiendo candados y cadenas. Entonces se optó por tapiar con bloques las ventanas. Faltaba una de las rejas de los dos balcones superiores del frente, la de la derecha mirando desde la calle, que hubo que mandarla a hacer copiando la de la izquierda, que es original. Yo sé dónde está esa reja: en un gallinero donde crían gallos de riña, por la zona de Camino Maldonado. Yo sé que vamos a poder recuperarla, que vamos a comprársela a la persona que la tiene en ese gallinero.

-¿Cuándo terminan comprando la ruina original?
-Luis:-La compramos el diez de junio del ochenta y ocho. Y cuando llegué de La Plata y vi lo que era, le dije a Blanca para ir a mirarla desde la vereda de enfrente porque pensé que se nos caía encima. “¡Qué compraste!” le dije. “No puede ser que ésta haya sido la casa de Matos Rodríguez…” Entonces empezamos con los papeleos, vino la Comisión del Patrimonio de la Ciudad Vieja, hicimos mucha Intendencia, hasta que con el arquitecto Alvarez firmamos el contrato el treinta de abril del ochenta y nueve.

Blanca:-Pero no teníamos muy claramente la idea de hacer un piano bar. Queríamos salvar la casa, pero qué íbamos a hacer después con ella, no teníamos la menor idea.

“La Cumparsita”.

Es considerada el himno del tango, una obra del autor uruguayo Gerardo Matos Rodríguez e interpretada por primera vez por la orquesta del argentino Roberto Firpo en el bar y confitería La Giralda, de la avenida 18 de Julio y Andes, en Montevideo, donde pocos años después se construyó el Palacio Salvo.


UN PASADO MUY MISTONGO

-Con respecto a la fecha de construcción, no encontraron ningún documento?
-Luis: Aquí tenemos un plano de mensura fechado el veinteséis, pero tiene que haber un plano anterior, porque de éste se desprende que la casa ha sufrido alguna reforma, porque se lee: “Terrenos y demás mejoras”. Puede ser que la primera construcción sea más antigua. Lo que no podemos dejar de agradecer es el trabajo y la entrega del arquitecto Alvarez, porque nosotros estábamos en Méjico y él seguía con la obra, solo, aquí en Montevideo. Hasta que al final, el primero de noviembre del noventa y seis, hace cinco meses, se abrió públicamente “La Casa de Becho”.

Se trata del tango más grabado y difundido de todos los tiempos, reconocido por la Ley 16.905, de 1998, como Himno Popular y Cultural del Uruguay.

-El hecho de que toda esta casa esté prácticamente tapizada de partituras de tango, ¿de dónde viene?
-Luis:-Me viene de la familia. Mi madre es prima directa de Roberto Fugazot, el del trío Irusta-Fugazot-Demare, y yo me crié entre esa gente, porque Fugazot venía a veranear a casa. Era famoso por trabajar en las películas y encima era el autor del tango “Barrio reo”, y con otros músicos venían a tocar guitarreadas en mi casa. Contaba mi abuela que venía Gardel a esa casa de la calle Municipio, hoy Martín C. Martínez, entre Guadalupe y Rivadavia, y dice que se iba al fondo donde había una higuera que dabe esos higos enormes, las brebas, que entran tres en un plato, y como era gloso, no sé todas las que se comía. Por eso me crié en un mundo tanguero, en el barrio de La Comercial, que en realidad se llama Barrio Kruger, en el famoso Comventillo de las Tres ventanas, porque así le llamaban a mi casa porque vivía toda la familia, y allí se hacían los famosos asaltos en los bailes de carnaval y esas cosas. Cuando me preguntan por qué la idea de hacer acá un piano bar, me parece que era lo que mejor iba con la casa. Y eso que yo no soy noctámbulo, y ahora, con esta historia, me acuesto tardísimo y tengo más noches que Drácula. Y de aquellas reuniones con músicos en mi casa es que vienen todas esas partituras, porque antes los músicos, en general, tocaban con partitura. Y así fueron quedando esas partituras en mi casa, mi abuela las coleccionaba y así llegaron hasta mí. Porque a mí, de chico, me gustaban las carátulas, los dibujos que tenían, y eso me llamaba la atención, porque yo de música no sé nada. Y así se armó esa enorme colección. Y hago intercambio con otros coleccionistas. Yo podría cambiar todas las que hay aquí en “La Casa de Becho”, donde ya no cabe una más por las que tengo en casa, y aún así me sobran.

CASA DE BECHO VISITADA

AUNQUE USTED NO LO CREA

-Blanca: usted debe saber un poco más de lo que se dice.

¿Es verdad que en esta casa hay un espíritu burlón, un “poltergeist” que provoca cosas muy extrañas, por no decir asombrosas?
-Hmmm… Este… Sí: hay. Por lo pronto, el entusiasmo que nos despertó esta casa para sacarla a flote, un entusiasmo que no tuvimos con ninguna otra propiedad, una fuerza que nos despertaba a la madrugada y nos obligaba a venir para acá. No estábamos tranquilos hasta que veníamos. El día antes de la inauguración dejamos todo pronto y nos fuimos. En plena madrugada nos despertamos y sentimos que teníamos que venir a cambiar los cuadros con las partituras: volvimos a las cuatro de la mañana y nos fuimos, muertos de sueño, a las once.

-¿Y eso lo presienten solamente ustedes o saben de otra gente que lo haya experimentado?
-Sí. Hace poco estaba una pareja amiga nuestra, los dos muy famosos, estábamos conversando muy tranquilamente ahí en la barra y sobre nosotros pasó una luz extraña, una luz como la que puede dar una vela, sin la vela y el pabilo, pasó por encima de los tres y fue a dar contra el aparato de aire acondicionado e hizo como una explosión. Hay gente que dice:“Yo entro acá y siento algo extraño”. Hay gente que me ha dicho que cuando entra, siente que está Matos Rodríguez, no como alguien que vaya a hacer daño, sino como una fuerza que se percibe. Y nos han pasado otras cosas muy extrañas, como que un día, era de mañana, la casa se oscureció completamente como si fuera de noche y al rato volvió la luz y todo volvió a iluminarse. Y además nos vuelan copas muy a menudo, y se prenden las luces de los autos, los señaleros. Le ha pasado ya a cinco personas que estaban acá…

En setiembre de 2009, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró a “La Cumparsita” como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, iniciativa que fue promovida en forma conjunta por Uruguay y Argentina.


-¿Y ustedes qué piensan de esos fenómenos?
-Blanca:-No sabemos.Porque invlusive el sereno lo percibe.El sereno nos ha llamado más de una vez, de madrugada, para que viniéramos para acá…

-Luis:-Y también hay ruido de sillas que se mueven, uno mira y la silla de donde viene el ruido no se ha movido, lo mismo que se oyen pasos en la escalera, algo que no puede ser porque no hay nadie, y además no hay vecinos, no hay nadie al lado… Yo no creo en esas cosas, pero…

-Blanca:-Yo tampoco, pero hay un fenómeno especial que a nosotros nos está pasando. Las veces que estamos conversando como ahora y las copas salen volando y se estrellan contra el piso! Se nos han roto por ese motivo como diez copas porque caen sobre el piso. Un día el barman vio una copa volando y se puso gris. Y la chica que vio el misterio de la luz se puso a llorar. Y hay una persona que está escribiendo sobre Matos Rodríguez a la que le ocurre un fenómeno especial: empieza a oír “La Cunparsita”y no puede dormir, la música que nadie toca no lo deja dormir. Es como si “La Cunparsita”lo obligara a seguir escribiendo y el hombre no puede dormir. Sabe otra cosa? Todos los aniversarios de Becho, aparece una flor atada en el llamdor que nunca supimos quién la pone. Ahí, sobre un retrato de él, está la última.

-Luis:-Yo, por las dudas, cuando entro, muy respetuosamente, le digo:“Buen día Becho. ¿Cómo andás?.