Veredas: De Chaplin a Zitarrosa. Salvando el edificio del Cine Rex

VEREDAS CAMINADAS POR RAMÓN MÉRICA para Diario Uruguay.

En medio de los lamentos por lo que se perdió y lo que se sigue perdiendo, una noticia alentadora. El airoso salvataje del edificio del Cine Rex (1928), obra emblemática de Alfredo Jones Brown, es algo para festejar. Así también lo entiende el arquitecto Conrado Pintos, 51, mago tutelar de la aventura que parecía no tener fin. Desde donde esté, Alfredo Zitarrosa agradece con voz muy grave el homenaje que, popularmente, lo canoniza.

Todo empezó en 1997, cuando la Intendencia hizo un llamado a concurso para la remodelación del viejo Cine Rex, al que se presentaron cuatrocientos arquitectos y otras tantas propuestas, porque la convocatoria era a título personal. Ese concurso fue ganado por Conrado Pintos, quedando el segundo puesto para Juan Carlos Vanini. Salomónicamente, y viendo el nivel de las propuestas. la IMM encargó a Vanini la obrade Prefectura de Trouville y a Pintos el Rex.

“Tengo que decir que si bien yo puse todo mi esfuerzo en la obra, se podría decir que es producto del estudio que integro con Alberto Valenti y Silva Montero.”

Los socios no se cansan de repetir:“Prácticamente se mudó al Rex; no perdió un solo detalle; Pintos es el verdadero padre de la obra.”

UN EJERCICIO DE CAUTELA

Hace tres noches, cuando bajaron las luces de sala y fueron naciendo las de escena, Pintos sintió que se estaba cumpliendo un sueño, porque desde que empezó a proyectar deliró con ese momento. Hay otras razones más profundas para participar de ese orgullo.”Yo pienso que la apertura de la Sala Zitarrosa viene a incrementar el papel tutelar del Centro, un área eminentemente cultural, y si uno observa que en pocas cuadras están la Sala Brunet, el Teatro del Centro, el Circular, también van a estar el Sodre y el Solís recién terminados, si uno observa todo eso se da cuenta del peso de la zona en la sensibilidad del ciudadano.”

Pintos va más allá:“En todos lados se advierte que el centro, los centros de las ciudades, van recuperando sus espacios perdidos por los shoppins o los centros de compras, pero eso y nada más. Quizá al Centro no vengan mucho a comprar, pero en cambio hay que venir a los conciertos, a las galerías de arte, a los eventos culturales, al teatro, y por eso es muy importante haber rescatado esta sala de una calidad arquitectónica impresionante.”

Sobre la calidad del inmueble Pintos puede hablar con mucha propiedad porque desde fines del ´98 hasta hoy escrudiñó en los menores recovecos de la edificación y comprobó que el Rex fue hecho con todas las de la ley.

“El material original era tan bueno que se trataba de remodelar con mucha cautela, con mucho tacto, y eso es lo que me importó. Por eso, al equipo le marqué que se trataba de un trabajo derespeto: reconstruir todo lo que se pueda, respetar al máximo el empaque original, no dañar lo que estaba en buen estado.”

Y así se hizo. Pero hay algo importante también a señalar:”No me entusiasmaba la idea de reconstruir lo perdido, porque yo no sé proyectar como Jones Brown, y por lo tanto era imprescindible una presencia contemporánea en las zonas muy dañadas, las irrecuperables, porque nadie se imagina el estado en que encontramos esto. Ahora la gente dice qué divino cómo se conservaron los mármoles del hall de entrada, si serán buenos. Claro que son buenos, buenísimos, pero los encontramos hechos pedazos, encontramos pedazos por todos lados. Conseguimos reconstruirlo, y recién después de más de veinte manos de pulidos y terminaciones conseguimos eso que se ve ahora.”

DIALOGO DE EPOCAS

No fue el único grito de auxilio mandado por el arquitecto:”En esas zonas muy dañadas, obviamente, había que intervenir en términos modernos, los más respetuosos del original, porque había cosas que no se podían reconstruir, como los frisos de la platea y de la galería, que eran muy lindos, según vi en fotografías. Por lo tanto, hubo que apelar a un lenguaje contemporáneo, no imitativo del original, y creo que los dos lenguajes se empastaron muy bien.”

El Rex jamás imaginó que por sus aires de artesonado volaría algún día un puente de metal que no lo molesta. Y eso es lo curioso del portentoso pasadizo de hierro negro que puede evolucionar desde el fono de platea hasta la boca del escenario transportando luces, equipos, elementos de escena y hasta gente, en el mayor alarde de esta intervención quirúrgica de alto riesgo.

El riesgo felizmente, fue salvado. Se nota el respeto que Pintos y compañía han depositado por rescatar una bienvenida sala en pleno centro, dotada con lo más al día en cuanto a un ámbito pensado esencialmente para música popular.

Sería muy bueno escuchar algún alarde de cámara en ese sitio de excelente acústica, como sentenció la palabra mayor de Conrado Silva, de paso por Montevideo, cuando fue consultado por Pintos en esa materia que maneja como nadie.

EL REMANSO PROMETIDO

Para cuidar ese privilegio del original de Jones, también hubo una especial dedicación al tema de los asientos; problema que fue resuelto con unas sillas negras muy cómodas y de buen diseño provenientes del Brasil, incapaces de robar acústica.

Esperan muchas expectativas a la sala. Antes que nada, la conciencia de sus consumidores, que serán muchos y a diario; vista la programación. Esos consumidores deberán reconocer el esfuerzo que ha significado haber salvado un precioso legado arquitectónico que se creía perdido y al que ahora podrán acceder para escuchar a sus favoritos.

El cantor de gesta Zitarrosa lo agradece desde ya, como agradece que se licite rápidamente la cafetería en el primer piso; que estará apoyada sobre el enorme vitral con fauno músico detrás del cual se proyecta in vivo la Avenida del Libertador parida en El Entrevero. En una ciudad donde ir al teatro significa olvidarse de un refresco o de un café, ese remanso prometido de intermedio es otra razón más para saludar los buenos oficios de Conrado Pintos y su banda.

EL EDIFICIO

Una esquina con gemas y coronita

Goza de un emplazamiento de maravillas. Desde el Palacio Legislativo, parece imposible imaginar la Avenida Agraciada sin ese referente grisáceo muy orgulloso con su coronita, marcando sin timideces el remate de ese valiente tajo urbanístico diseñado por el ingeniero Juan P. Fabini, inaugurado en 1935 con toda la pompa que exigía la visita de Getulio Vargas. Un gran valle en las ondulaciones de La Aguada, así aparece la gran avenida heredada directamente de las neuronas del baron de Haussmann, el diseñador del París del 900, del París que se ve hoy. Y en las dos puntas de ese valle, un par de referentes que son la memoria de la ciudad.

AL PRINCIPIO FUE PARIS

El edificio del Rex fue encargado por el comerciante Luis Ignacio García en 1927 con el cometido de destinarlo a oficinas comerciales, seis pisos de apartamentos para vivienda y un cine en planta baja. Fue inaugurado en 1928 de acuerdo a los cánones estéticos imperantes en la época, de absoluta aceptación por el gusto medio burgués rioplatense, y donde a nadie preocupaba disimular la deuda estilística francesa, es decir parisina.

Como a los montevideanos les cuesta mucho hacer trabajar la vértebra Atlas, razón por la cual no miran hacia arriba, se pierden la enorme mayoría de las hermosuras de esta ciudad, sin contar las que están sepultadas bajo la detestable cartelería y las no menos pesadillescas marquesinas comerciales. Pero el edificio del Rex no presenta obstáculos para ser mirado y admirado. Por lo pronto, se erige en una esquina y como si fuera poco, delante de una plaza, doble privilegio del que no usufructúan muchos de sus pares.

Ese privilegio, además, permite estudiar el edificio desde muchos ángulos. Si se lo observa por la calle Julio Herrera (desde la vereda de enfrente, por supuesto) se descubrirán unas minuciosas guardas florales concebidas con la técnica veneciana de las pastillas policromadas y doradas, que no son solamente decorativas sino que apuntalan la verticalidad del cuerpo total del edificio, detalle que también se aprecia por Dieciocho. En esas guardas el arquitecto Jones Brown juega a dos puntas: mientras por un lado no oculta su filiación eclecticista en ese gesto decorativo, por otro lado hace un guiño modernista cuando echa mano a la geometriación que en definitiva resulta de esas guardas tan buscadas en los años de construcción del Rey. No olvidar que la construcción del mismo está situada en pleno alboroto estético provocado por la Exposición de las Artes Decorativas, París 1925, y que el arquitectono podía sustraerse a semejante estallido estético.

LLUVIA DE AGATAS

Pero ninguno de los elementos constructivos del Rex se atreve a competir con su coqueta coronita. Porque no es una coronita cualquiera. Para empezar, está sostenida por ocho columnas nacidas sobre el techo de un mirador; como queriendo poner aun más en valor las líneas del olímpico remate recamado de pequeños azulejos que se han puesto de acuerdo en formar cestos embriagados de flores y sobre las cuales el sol sabe lo que hace. Es recomendable conseguirse unos largavistas para apreciar debidamente esos altísimos primores decorativos que Jones plantó con tanta gracia. En su defecto, conseguir algún vecino que permita subir a un piso alto de enfrente.

Ahora que reabrió como teatro el viejo cine, y pese a toques de modernidad que han alterado su empaque original, conviene detenerse en la calidad de los materiales originales, en sus trabajos de herrería, en sus vitrales y sus revestimientos. Es el toque de otros tiempos, como cuando el mirador vivía Ester de Cáceres y como tan bien lo contaba Arturo Despouey, sobre la esquina de 18 y Julio Herrera caía una permanente lluvia de ágatas y piedras preciosas escapadas del mirador maravilloso.